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17 de octubre de 2009

- " PORQUE LA VIDA PUEDE SER MARAVILLOSA...."








Video Despedida A Montes.



Lo que antes era una txapela, una boina , o un simple tapón, con Andrés pasó a ser un " pintxo de merluza".

Descanse en paz...



Montes - Daimiel en estado puro.

4 comentarios:

  1. Andrés Montes, según su amigo Daimiel.
    Su amigo íntimo, una de las personas que mejor conoció a Andrés Montes, habla sin red sobre el periodista

    Recuerda perfectamente el día que lo vio, mucho tiempo antes de que empezaran a trabajar juntos. Más de 15 años después, su amistad era verdaderamente especial. Antoni Daimiel habla para MARCA.com sobre Andrés Montes. Pocos lo conocían tanto.
    "Era un genio inconsciente de su genialidad"
    Para todos nosotros, Antoni Daimiel fue 'Crónica en Rosa' porque el mote se lo puso el mejor. Nadie ha compartido más horas en plató con Montes, y muy pocos lo conocen más íntimamente. Quizá nadie. Hasta el último día, Daimiel recibió la llamada diaria de su pareja de hecho. Para hablar, para preguntar. Para lo que fuera. "Tenía pocos amigos porque era él quien te elegía. Era muy exigente con los amigos, ponía el listón alto. Eso sí, cuando te elegía, no te podías negar", dice el periodista de Digital +.
    La primera vez que lo vio, en una terraza cerca del Sánchez Pizjuán (Antoni era un 'machaca' de 'El Día Después', Montes radiaba), comieron juntos con otros periodistas y ya le hizo gracia. Al tiempo estaban sentados en un plató, inventando, dándole la vuelta a la forma de narrar un partido de lo que fuera. "En nuestro primer viaje juntos, al All Star de San Antonio, me sorprendió lo que me dijo: 'Daimiel, para lo joven que eres, qué serio y calmado eres. Pareces más mayor", dice Antoni. Y así comenzó la amistad.
    "Iba en el autobús en los 60 y, aunque había gente de pie, nadie se sentaba a su lado" por ser negro
    Conocer a Andrés Montes es conocer su vida. Nacido de madre cubana y padre gallego, ella, virtuosa pianista llamada Zenaida Manfugás, lo dejó criarse con Lore, un ama de cría, mientras ella recorría el mundo de recital en recital. Cuando su madre biológica volvió a buscarlo, ya adolescente, Montes la rechazó. Lore era su madre. "Cuando ella viene a España, la Reina va a los recitales", contaba Montes a sus más íntimos sobre la mujer a la que no llamaba madre.
    En su casa de la calle Hortaleza de Madrid creció un niño negro en el Madrid de los años 60. "Él siempre contaba que iba en el autobús y, aunque había gente de pie, nadie se sentaba a su lado. Mantenía que España era un país racista, sólo que hasta los 90 apenas había gente de otras razas. Que si esto hubiera sido Francia, hubiera sido diferente", cuenta Daimiel. Así, desarrolló un orgullo de raza importante: "Cuando estuvimos en Atlanta y Memphis, lo vi emocionado en la casa donde nació Martin Luther King y en el Motel Lorraine, donde fue asesinado", relata su amigo.

    "Nunca daba nada por supuesto. No descartaba ninguna opinión"

    Así, creció en Montes una personalidad peculiar. Enamorado de todo lo que llegada desde los Estados Unidos "desde que tenía 18 años", era un erudito en los temas que le interesaban: "Del conflicto vasco era impresionante lo que sabía. Conocía muchísimos datos, compraba libros por Internet que en Madrid ni se vendían, nunca daba nada por supuesto. No descartaba ninguna opinión. Cuando lo conocí, estaba invirtiendo en el Sudeste asiático y me hablaba de cosas que me sonaban a chino", relata Antoni. Y en la música, con el periodista José Vicente Delfa vendiéndole discos de su tienda. Y sobre ropa, o sobre gastronomía.

    El genio de Montes
    Su genio, esa capacidad de vender espectáculo desde la improvisación, es absolutamente inimitable porque no parte de nada más que de su personalidad. "Le salía natural, de su sangre cubana. Vivía de la improvisación. Las frases que se pensaba más eran las peores. Hay que gente que confundía eso con ser vago, pero no era así", dice su compañero.

    "Él soltaba un mote. Me miraba a mí, y si me reía, lo repetía"

    Los motes, esos que le hicieron famoso, tenían un curioso proceso: "Él los soltaba en una retransmisión, sin prepararlos. Me miraba a mí, y si me reía, los repetía. Así los iba creando. Ha habido motes que se han perdido por el camino porque a él directamente se le han olvidado", dice Daimiel.

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  2. Y para los propios jugadores, de fútbol o baloncesto, lo admiraban. "En un Partido de los Rookies, Marc Jackson [actual jugador del Obradoiro], que había ido a la NBA desde el Lobos, nos señaló antes del salto inicial", dice Daimiel. Era, posiblemente, el momento más importante de su carrera. "Al año siguiente, Gasol hizo lo mismo", añade. La imagen de Montes se hizo habitual para la gente de la NBA. "Como lo veían así vestido, realmente mucha gente no sabía quién era, pero lo saludaban. Hay dos personas que siempre lo hacían: el reverendo Jesse Jackson y Billy Hunter, presidente de la Asociación de Jugadores. Y Montes ahí, que no sabía inglés...", se ríe Antoni.

    La verdadera amistad
    La mayoría de los amigos de Montes provienen del periodismo (muchos han desfilado por los medios estos días), pero entre los deportistas hizo buenas amistades. Los hermanos Llorente en baloncesto, el defensa del Mallorca Pep Martí o varios jugadores del Depor, sobre todo Manuel Pablo, lo eran.

    Pero Daimiel tiene una reflexión que se puede aplicar a mucha gente que se muere: "Cuando pasa esto parece que hay más amigos de los que realmente había. He pensado mucho el juego que habría dado en una mesa de un restaurante comentar con Montes todo lo que está saliendo". Y otra: "Andrés se hubiera llevado un alegrón al ver cómo sus seguidores han ganado por goleada a sus detractores. Él creía que había tantos de unos como de los otros, pero se ha demostrado que eran muchos más los que lo admiraban que los demás", dice Antoni.

    Y para acabar, le pedimos a Daimiel que defina a Montes: "Un genio inconsciente de su genialidad", dice. No encontrarán otra definición mejor, porque quien lo dice sabe de lo que habla

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  3. 18 Oct 2009

    Joder Andrés, esto no se hace

    Joder negro, estas cosas no se hacen a los amigos. Uno no se va de repente, sin avisar, un viernes por la noche cualquiera, dejándonos hechos polvo. Pero tampoco me debería extrañar. Lo tuyo nunca fue seguir un guión. Ni mucho menos ser políticamente correcto. Y es que, perdona que te lo diga ahora, pero siempre has sido un bicho raro. “Iturriaga, escucha, que es que yo con 10 años, iba en el autobús en Madrid, ¡y era el único negro!”, solías contarme año tras año en nuestras interminables comidas y cenas de gira por esos mundos de dios. Quizás te debió marcar esto, o quizás no, pero el caso es que nunca has sido un personaje “clasificable”. Por muchas razones. Desde las profesionales hasta las personales. Desde tu estilo de retransmitir los partidos hasta esas pajaritas que me llevabas y de las que te sentías tan orgulloso. ¡Y luego no querías que te reconociesen!.

    Tío, Andrew, ¿ahora qué hacemos sin tí? La gente quiere saber cómo eras detrás de las cámaras, si era verdad que la vida puede ser maravillosa, de dónde sacabas los apodos, si estabas deprimido por lo de la Sexta y muchas cosas más. Porque no veas la que se ha montado. Algún homenaje y más de una declaración de esas que empiezan con “yo fuí muy amigo” te habrían molestado sobremanera, pues la hipocresía nunca la toleraste bien, pero me refiero sobre todo a Internet. Han hecho un montón de vídeos en tu memoria, algunos de ellos sentidos de verdad.Te hubiese encantado. O igual tampoco. Porque nunca supe muy bien cómo llevabas esto de la fama. Por un lado despotricabas de casi todo lo relacionado con ella. De los pelmazos que cuando pasabas te gritaban ¡tiki-taka!, o los que podían estar todo el partido gritando ¡Andrés, Andrés!, a pesar de verte con los auriculares puestos y hablando sin parar. De tenerte que parar cien veces a firmar autógrafos y sacarte fotos. Pero por otro lado, todos los que andábamos alrededor tuyo estábamos seguros de que en el fondo, te gustaba cantidad.

    Y eso te pasaba con muchas cosas. Eras como algunos entrenadores, que dicen no leer la prensa pero saben todo lo que escribe. Las audiencias te daban igual pero te las sabías de memoria. Te daba supuestamente lo mismo hacer fútbol, baloncesto o petanca, como una vez dijiste en una rueda de prensa (¡olé tus huevos!) pero éramos capaces de discutir sobre cualquier tema baloncestístico con una pasión inaccesible para alguien que no sienta este deporte. Preconizabas un mensaje optimista con lo de que la vida puede ser maravillosa y a veces te costaba demasiado disfrutarla. Tampoco me extraña, pues la has pasado muy putas. Con tu salud, con tu separación, con no poder tener a tus hijos siempre a tu lado. Cuando te dijeron que no ibas a retransmitir más el fútbol en la Sexta te hiciste el duro. Pero estabas jodido. Muy jodido. Lo estuviste todo el Eurobasket de Polonia. Decías que te daba igual pero te sentiste engañado y maltratado. Aún así, no se te notó en antena. Y fuiste capaz de despedirte con una elegancia sobresaliente cuando el cuerpo te pedía dar un buen portazo.

    Sabes que te voy a echar de menos. A tus cosas buenas y también a las que no eran tanto, porque reconoce que a veces eras un auténtico dolor de huevos. Quizás en todas estas dualidades estaba la razón de tu magnetismo. De tu capacidad para atraer la atención, para ser escuchado, para salirte con la tuya casi siempre en los viajes, para hacernos reír una y otra vez con “las cosas de Montes”.

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  4. No sé durante cuánto tiempo seguirás siendo noticia. Teniendo en cuenta los tiempos que corren, supongo que no mucho. Pero no te preocupes. Gente como César, Daimiel, Epi, el Lagarto o yo mismo te vamos a llevar con nosotros. Y no seremos los únicos. Tu amigo Mikel, mi hijo, también lo hará. Para él estás asociado para siempre a Tokio, donde conseguiste que nos cambiaran de hotel y nos llevasen al Park Hyatt de la película Lost in Translation. Allí, todos juntos, pasamos una de las mejores semanas de nuestras vidas, a pesar de tus dificultades para hacerte entender y que te trajesen el agua sin gas y con hielo, pero no el hielo en el agua, sino en un vaso aparte. ¡Cómo lloraba el viernes Mikel cuando se enteró!

    Y es lo que te decía al principio. Estas cosas no se hacen, joder. Podías haber esperado, no sé, 30 añitos más, hasta el Mundial de baloncesto del 2038, donde nos habríamos retirado a lo grande cantando las excelencias de la selección española de los hijos de Gasol, Navarro, Calderón y compañía. Hubiese estado bien.

    Un beso en la calva, compañero. Y sin que sirva de precedente y esta vez sin que me lo tengas que decir, lo reconozco públicamente: ¡Qué suerte he tenido de haberte conocido!

    El País.
    Juanma Iturriaga.

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